la voz del sureste, auténtica expresión de la provincia..: Las crónicas de un continuo despertar Las crónicas de un continuo despertar ================================================================================ Administrador on Publicado el: 03/03/2010 a las 09:54 pm Arit León Rodríguez Con furia y frustración comencé el día de hoy al ubicar la manera en la que redactaría el texto que tiene usted en sus manos. Nuestra labor es informar y difundir información pero, al ver tantas cosas, es difícil mantener la compostura ante situaciones como la que hoy día le expondré. La violencia en torno a las niñas y mujeres jóvenes sigue siendo omnipresente en escuelas de todo el mundo, pasando en muchísimas ocasiones desapercibida por los padres, las niñas y jóvenes se enfrentan constantemente a burlas y discriminación, a castigos corporales como métodos de control educativo, al peligro de ser agredidas sexualmente, acosadas, hostigadas o intimidadas en las instituciones donde llegan a educarse. Las alumnas, en su condición de mujeres, sufren acoso sexual por parte de los mismos compañeros de salón y hostigamiento por los mismos maestros, quienes entre amenazas y chantajes ofrecen calificaciones aprobatorias o más altas a cambio de favores sexuales, e incluso viven violaciones por parte de los mismos en las aulas de clases. Las niñas que son objeto de este tipo de violencia tienen menos probabilidades de terminar su instrucción escolar, ya que en la niña, adolescente o mujer que sufre este tipo particular de acoso baja su nivel de autoconfianza y su autoestima disminuye. Pueden sufrir síntomas médicos propios del estrés, como dolor de estómago o de cabeza, a menudo siente un enojo que no puede expresar y que puede provocar sentimientos de desesperanza, impotencia o soledad. Los efectos desgraciadamente se hacen evidentes cuando la víctima deja la escuela o pueden ser poco perceptibles, como cuando ella se deprime o cambia de humor sin saber el motivo. La palabra “acoso” es referida como aquella en donde no existe jerarquía para presentarse; es decir, una persona en la calle o escuela o trabajo puede hacer mofa, o humillaciones con connotaciones sexuales a otra persona (sugestiones, gestos, miradas, bromas, o comentarios sexuales, proposiciones o decir rumores sexuales, entre otras). Ahora bien, en el hostigamiento existe una jerarquía, es decir, se da de una persona que tiene una autoridad a una que no la tiene, manteniendo amenazas de despido de trabajo o calificaciones reprobatorias si no acceden a las peticiones. Como se puede ver, el acoso y el hostigamiento son sumamente parecidos, es por esto que varios autores y autoras e incluso el Código Penal de los Estados Unidos Mexicanos los utilizan como sinónimos; sin embargo, no es así, el acoso se da entre pares y el hostigamiento se da de profesor o profesora a alumno o alumna; a diferencia del hostigamiento, en el acoso no hay amenazas de despido de trabajo o calificaciones reprobatorias. Fíjese, según estudios realizados por organizaciones humanitarias, en América Latina al menos 7 de cada 10 mujeres ha sufrido hostigamiento sexual en su área educativa, o utilizando uniformes. ¿Le vino a la mente alguna imagen en particular? Mucha de la publicidad basura en los medios televisivos explota ese segmento, con programas aparentemente cómicos, como “La Escuelita”, donde todas las estudiantes (en este caso, mujeres adultas) utilizan parches en lugar de ropa y gustosas reciben comentarios maliciosos por parte de los personajes masculinos, quienes -completamente vestidos- se les acercan y transmiten la idea de que ante una mujer físicamente agraciada es perfectamente válido violentar su integridad psicológica con comentarios sexuales e inclusive manoteos. ¿Cómo cree que un jovencito y -¿por qué no?- en general los varones perciben este mensaje? Claro, que las mujeres en uniformes escolares son sexualmente atractivas y propositivas, que usan su cuerpo para obtener beneficios académicos, que está “en onda” ser acosador, mientras más vulgar, mejor. Es un fenómeno que está deformando aún más la mente de nuestra sociedad y hace permisible y hasta tolerante el hecho de que los muchachos en edad -de punzada- hormonal descarguen sus inquietudes contra sus compañeras. Tristemente, muchas jóvenes y hasta niñas ya están aceptando esta programación mental y siguen ese patrón de conducta, considerándose a sí mismas objetos de placer sexual y participan ya en juegos de connotaciones eróticas, que llegan a trascender inclusive a la red informática, donde se puede hallar innumerable cantidad de videos, que bien se pueden catalogar cómo pornografía infantil, donde ellas “acceden” a actividades sexuales con maestros y personas de su misma edad y son filmadas. Le recuerdo el caso de un joven universitario de esta ciudad capital, que teniendo por novia una estudiante de preparatoria, en acto de venganza al terminar la relación, subió a internet y vendió videos de esa chica teniendo actividades sexuales con él. El día de hoy sigue sujeto proceso por pornografía infantil, y me da mucho gusto. Hace un año María Elena Orantes, senadora por nuestro estado, presentó ante el pleno del Senado de la República un punto de acuerdo en el que pide al poder ejecutivo federal para que a través de la Secretaría de Educación Pública (SEP), en coordinación con el Sistema DIF Nacional y en las entidades federativas; el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el Issste, PGR, SRE, INM y otras instituciones realicen estas acciones con el fin de detectar, frenar y prevenir estos abusos a los menores. No hay que tomar a la ligera esta problemática que, desde luego, es la cerradura de problemas mayores, detectables a tiempo si se controla con dureza el comportamiento de los adultos frente a menores educandos, tristemente pese a tantas quejas, denuncias y escándalos, la SEP aún no cuenta con una instancia nacional para identificar a profesores, conserjes y autoridades pederastas, cuya máxima sanción dentro del sistema educativo es su traslado a otro colegio. A los acosadores juveniles, su castigo es una llamada de atención, tal vez un reporte y si hubo algún tocamiento, una suspensión temporal de la institución. Pero, y las acosadas, ¿qué? ¿A estas niñas y jóvenes quién les responde el por qué sucedió este evento y los sentimientos de culpa, contrariedad y depresión que conlleva? Si alguien sabe… Ilústreme. Y bien lo dijo: Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas. Jean Jacques Rousseau Ex ore parvulorum veritas. Pero, eso lo digo yo. arit81@hotmail.com